En un mundo convulsionado, la política macroeconómica argentina no llega a la micro. Familias y empresas ven desmoronar su realidad. El escenario para los próximos meses: peor.

Que el siglo XX fue un despliegue de maldad insolente no hay quien lo niegue y, como el hombre siempre busca superarse, entrados en el siglo XXI, sin tapujos ni vergüenza estamos viendo en vivo y en directo cómo nuestra especie profundiza aquella “profecía” tanguera.

Los líderes de este mundo deciden la muerte con más facilidad que el sabor de un helado; todo vale por recursos, por supremacía, por poder.

En medio de la trifulca, el caos humanitario es devastador y las consecuencias económicas derivadas serán dantescas.

Por el momento, esta nueva guerra ya ha empujado la suba de precios del petróleo: inflación y más inflación, repartidos por cada rincón del planeta.

Y en casa, ¿cómo estamos? Mientras la economía doméstica de cada día se hunde en lo profundo de una licuada demanda agregada (las familias no consumen, las empresas no invierten, el Estado no construye), el Gobierno nacional enarbola la bandera del crecimiento empujado -únicamente- por la explotación de nuestros recursos naturales: petróleo, minería y algo de la producción agrícola, del campo.

Los datos mandan por sí solos:

•Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas suman 10 meses consecutivos de caída.

•El nivel de morosidad en las familias argentinas, según el Banco Central de la República Argentina (BCRA), se triplicó en el último año. A fines de 2025, la mora alcanzó el 9,3%, en comparación con el 2,5% registrado en diciembre de 2024.

•Según Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la industria ya acumula retroceso por 7 meses al hilo. Este desmoronamiento industrial también se ve reflejado, según la Unión Industrial Argentina (UIA), en una pérdida de 61.167 empleos formales en el sector durante 2024 y 2025

•Según los informes del Banco Central de la República Argentina (BCRA), en diciembre de 2025 se rechazaron 119.285 cheques sin fondos, con un crecimiento interanual del 205,2%, y el monto total de estos rechazos alcanzó los $347.638 millones, un aumento del 311,3%.

•Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) difundido por el INDEC, la Argentina creció, en 2025, un 3,48%.

La realidad es elocuente, los datos matan relatos

¿Por qué entonces, si el país crece, la mayor parte de nuestra población está profunda y literalmente desangrándose, cada día con mayores carencias y dejando de lado la cobertura de cuestiones básicas como salud, educación y, al menos una parte de nuestros conciudadanos, hasta la comida? ¿Cómo se explica que el país que puede alimentar diez veces nuestra población no tenga lo básico para todos?

Hoy, como nunca antes, el Estado se desentiende sin escrúpulos de sus responsabilidades: según Google, “el rol del Estado es organizar la sociedad, garantizando el bien común, la seguridad, la justicia y los derechos fundamentales a través de instituciones, leyes y políticas públicas. Actúa como regulador económico, mediador social, proveedor de servicios esenciales como salud y educación, y soberano sobre un territorio”.

Cuando el Estado se corre, la ley del más fuerte opera, retrocedemos silenciosamente.

La transformación de la matriz productiva está en marcha, el Gobierno es muy claro en el camino tomado: de ser un país con incipiente industria nacional, a ser un país extractivista, sin anestesia ni contemplación social, donde festejan las multinacionales derramando muy, muy poco a otros sectores.

El propio presidente lo admite sin rubor: “Los que defienden la industria nacional son unos chorros”, y como si fuera poco aclaró: “Acá no se pierden empleos. Es cierto que una empresa cierra y que los empleados se pierden”, pero luego “se van a crear puestos de trabajo en otras partes de la economía que son más productivos”.

Si la metamorfosis kafkiana de nuestra economía continua, es de preverse entonces una importante migración interna desde regiones con histórico peso industrial hacia regiones andinas mineras o petroleras como Salta y Neuquén, entre otras.

Ante este escenario, la fragmentación del entramado social está recién iniciándose. Dura tarea si les cabe a los ejecutivos territoriales: gobernadores e intendentes.

Como si fuera poco, a esta opacada actividad interna debemos sumarle ahora el delicado escenario financiero nacional derivado del contexto de guerra: Argentina ya no tendría posibilidad de financiamiento externo, crucial para los planes del Toto Caputo, que desesperado salió a rogar por los dólares guardados por pequeños ahorristas bajo el colchón. Lo dicho repetidas ocasiones: sin financiamiento, el modelo no tiene sustento.

Villa María y la región

Por su ubicación estratégica, la dinámica económica de nuestra zona muestra un tejido productivo extraordinario, sostén de una actividad potente. Sin embargo, en la ciudad y la región, la opacidad es similar:

•El comercio céntrico sufre las bajas ventas y ya se vislumbran cierres por cada cuadra. La baja de consumo es potenciada por los cambios de hábitos como el aumento de compras on line.

•La industria metalmecánica está en una severa crisis: lo de Pauny es solo una muestra.

•La cuenca láctea gotea despidos por las dificultades de las Pymes, algo que sortean las más grandes y tecnologizadas.

•La distribución mayorista sufre un importante deterioro de rentabilidad derivado del crecimiento desproporcionado de los costos logísticos.

La ecuación cierra para pocos. Todo indica que los meses por venir serán complejos. El ajuste sigue en camino, el campo extorsiona una baja en retenciones para liquidar granos y la baja de consumo ha propiciado una menor recaudación.

¿Podrá el Gobierno sostener el rumbo sin el brazo colaborador del padrino del norte?